lunes, 22 de noviembre de 2010

Si tú me olvidas

Si tú me olvidas
quiero que sepas
una cosa.


Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.


Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme,
dejaré de quererte poco a poco.


Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.


Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa,
que en ese día,
a esa hora,
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.


Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.




Pablo Neruda

miércoles, 20 de enero de 2010

20/01/2010

Seremos todos iguales?
Ya no me interesa seguir con esta relación.
Llego al trabajo pensando que tal vez me esperabas para decirme unas palabras antes de entrar.
Abro la computadora, el Outlook. Acto seguido, chequeo mi cuenta personal para ver si, entre ayer a última hora y hoy, me mandaste algo. Nada.
Trabajo y estoy apesadumbrada. Me río, sí; también hacemos chistes como todos los días, con los compañeros del laburo. Pero es una risa que me deja un sabor amargo. Sin ese último suspiro de alegría como cuando te reís en serio.
Vuelvo insistentemente a revisar los mails, como si eso hiciera que me mandes uno. Y cierro todo de repente, enojada conmigo por estos sinsentidos. Si ya está. Si ya no quiero saber más nada de vos.
¿Porqué, si ya no me interesa, me gustaría que dieras señales de vida? Pero no cualquiera. Me gustaría que me digas lo mucho que me amás, que querés estar conmigo y que estás dispuesto a dejar de hacer las cagadas que te venís mandando, una tras otra, una tras otra. Como las veces que yo reviso los mails; aunque, claro está que de mis actos la única perjudicada soy yo.
Quisiera ver en tu mail que realmente estás arrepentido de lo mal que te portaste conmigo. Quisiera que me convenzas…

Pero qué boluda que soy! Para qué?? Si después volvemos a lo mismo.
Ayer me dijiste que querías hablar y yo te dije: sólo si me vas a decir algo nuevo. Sino, no tiene sentido. Y te quedaste callado, pensando. “Y entonces? Cómo lo solucionamos? Vas a estar así hasta que vuelva a ir a lo de Andrea? Qué vamos a hacer mientras?”
“Intentarlo” pensé. Lo pensé, pero no te lo dije. Desde el “cómo lo solucionamos?” ya tenía la respuesta. Tratando de aceptarte, pero eso lleva tiempo. Y energía. Demasiada tal vez. Demasiada energía puse para que me lo devuelvas como lo hiciste. No estuvo buena mi recompensa a pesar de haberle puesto tanta garra.

Entonces pienso: Tengo ganas de que me convenzas. Quisiera creerte, volver a abrazarte y besarte, pero me doy cuenta que todo es un círculo, no? Depende de mí nada más, que llegue a aceptarte como sos, porque de vos no puedo esperar mucho más. Y es muy doloroso que así sea, porque no tenés en cuenta lo que me pasa. O sí, pero a medias. Hasta donde a vos te conviene. Entonces creo que va a ser mejor hacer mucha fuerza y entender que esto siempre tuvo fecha de vencimiento. Podemos borrarla y dibujar otra, pero el contenido ya se hechó a perder.

Pero cuánto amor, no?